miércoles, 6 de octubre de 2010

Gofres y círculos.

Mientras oigo como Jodorowsky habla sobre los círculos viciosos; esos hábitos mentales, corporales e incluso sexuales que adquirimos y repetimos una y otra vez sin querer; se me saltan una y hasta siete lágrimas. Su visión es esperanzadora, afirma que somos capaces de romperlos y que cuando lo hacemos surgen nuevas dimensiones dentro de nosotros mismos hasta entonces desconocidas. Ahora, lloro más. Ya no sé si por la impaciencia, la impotencia o la esperanza. Lo único que sé es que necesito acabar con esto. Ya.



-Hay días que lo echo de menos.
-¿Cuánto?
-Tanto como comer gofres de chocolate.
-Entonces estás bien jodida.

sábado, 10 de abril de 2010

Y el vacío comenzó a llenarse gota a gota.

Los días pasan templados, entre cigarros y medias sonrisas. La lluvia cesó hace tiempo, pero el suelo aún sigue mojado. El café sigue siendo amargo y las películas siguen amontonándose en aquel mueble de la cocina. Las canciones suenan a melancolía y desesperanza, y la memoria a corto plazo empeora día a día. Las drogas, sospecho. La imaginación y su equivocada canalización siguen asomándose por la ventana de vez en cuando, más cuando el sol se esconde. A veces creo que no sé, otras que sé demasiado y otras tantas que sé lo que quiero. El despiste y el desorden no sólo se manifiestan en mi habitación. Recuerdo a Teresa, quién dice que el orden es el primer requisito de la belleza y a Javier, quién insiste en que mi cuarto es lo más cercano a un burdel. Que los pelirrojos dan mala suerte no es más que una estúpida superstición, me repito. Los peces siguen en su pecera, y los sueños en esa lista que nunca llegó a plasmarse. Las líneas desaparecen para dar lugar a círculos y esferas. Las sospechas quedaron resueltas, la lucha decidió quedarse en derrota y el vacío comenzó a llenarse gota a gota. Cosas del crecer, supongo.

miércoles, 27 de enero de 2010

Aprendiendo

Que no se puede querer queriendo, que eso ocurre sin querer.

martes, 12 de enero de 2010

Y tú decides parpadear

Deja de hacerte el tonto. Tu forzada tontería me provoca un alto grado de ansiedad e histeria. Hace un tiempo que dejé atrás las niñatadas y las medias tintas, y más aún contigo. Para, ya está bien. Tu nivel de ignorancia aumenta a medida que dejas escapar palabras sin sentido por tu boca. Y ni siquiera me siento capaz de decirte que te calles, que no tienes ni idea. Mi egocentrismo toma cartas en el asunto, aunque yo, le doy rienda suelta y me dejo inundar. La impotencia que me produce el no poder abrirte los ojos me golpea y me deja inconsciente. Y tú, mientras tanto, decides parpadear. Gilipollas.

lunes, 11 de enero de 2010

Siento menos si es así

Mariela me preguntó por qué escribía en tercera persona. Tantas hojas, tantas horas, tantas palabras queriendo y sin querer; todas ellas en tercera persona del singular. Me quedé en silencio. Le contesté un tajante porque me da la gana. Sonrió, un rato y como siempre, esperó a que diera mi verdadera respuesta. Siento menos si es así, dije. Me recordó que una buena escritora necesitaba sentir para hacerse sentir. La miré, fijamente. Entonces cogí una hoja de aquel montón. Y escribí esto.