Mariela me preguntó por qué escribía en tercera persona. Tantas hojas, tantas horas, tantas palabras queriendo y sin querer; todas ellas en tercera persona del singular. Me quedé en silencio. Le contesté un tajante porque me da la gana. Sonrió, un rato y como siempre, esperó a que diera mi verdadera respuesta. Siento menos si es así, dije. Me recordó que una buena escritora necesitaba sentir para hacerse sentir. La miré, fijamente. Entonces cogí una hoja de aquel montón. Y escribí esto.
lunes, 11 de enero de 2010
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