sábado, 10 de abril de 2010

Y el vacío comenzó a llenarse gota a gota.

Los días pasan templados, entre cigarros y medias sonrisas. La lluvia cesó hace tiempo, pero el suelo aún sigue mojado. El café sigue siendo amargo y las películas siguen amontonándose en aquel mueble de la cocina. Las canciones suenan a melancolía y desesperanza, y la memoria a corto plazo empeora día a día. Las drogas, sospecho. La imaginación y su equivocada canalización siguen asomándose por la ventana de vez en cuando, más cuando el sol se esconde. A veces creo que no sé, otras que sé demasiado y otras tantas que sé lo que quiero. El despiste y el desorden no sólo se manifiestan en mi habitación. Recuerdo a Teresa, quién dice que el orden es el primer requisito de la belleza y a Javier, quién insiste en que mi cuarto es lo más cercano a un burdel. Que los pelirrojos dan mala suerte no es más que una estúpida superstición, me repito. Los peces siguen en su pecera, y los sueños en esa lista que nunca llegó a plasmarse. Las líneas desaparecen para dar lugar a círculos y esferas. Las sospechas quedaron resueltas, la lucha decidió quedarse en derrota y el vacío comenzó a llenarse gota a gota. Cosas del crecer, supongo.

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