Mientras oigo como Jodorowsky habla sobre los círculos viciosos; esos hábitos mentales, corporales e incluso sexuales que adquirimos y repetimos una y otra vez sin querer; se me saltan una y hasta siete lágrimas. Su visión es esperanzadora, afirma que somos capaces de romperlos y que cuando lo hacemos surgen nuevas dimensiones dentro de nosotros mismos hasta entonces desconocidas. Ahora, lloro más. Ya no sé si por la impaciencia, la impotencia o la esperanza. Lo único que sé es que necesito acabar con esto. Ya.
-Hay días que lo echo de menos.
-¿Cuánto?
-Tanto como comer gofres de chocolate.
-Entonces estás bien jodida.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Gracias por tu comentario.
ResponderEliminarEspero de corazón que tus lágrimas sean de esperanza. En eso consiste nuestra maldición, en que siempre hay demasiadas razones para la esperanza.
Un abrazo.